Una prueba evidente de cómo el amor de una madre, además de desinteresado, generoso, desprendido.. etc, etc, es capaz de poner en evidencia hasta a las mismísimas reglas de la física.
Hasta hace no mucho, las mujeres mexicanas se estiraban los pechos hasta llegar a pasárselos por debajo de las axilas con una única intención: para dar de mamar a sus bebés, a los que llevaban a la espalda.
A ver quién supera eso.

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