Por obligación o por devoción, con las suyas o con las ajenas, parece que, de siempre, darle "retoques" a la nariz ha sido una "costumbre" bastante extendida.

Hace poco vimos como había un Zar empeñado en cortársela a todo aquel que llevara tabaco. No parece el único en la historia con esa "manía".

Un poco antes, en la antigua Roma, la pena por ser infiel consistía precisamente en la amputación de la nariz.

Mucho más bárbaros estos romanos que los siempre tan tranquilos griegos. Allí el adulterio era castigado con la depilación del vello púbico y la inserción vía anal de un rábano.

Estos griegos con tal de promocionar su idioma...

Es lunes. ¿Qué queréis?

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