Yo no digo que mi compañero doméstico pierda su encanto cuando se pone ese pijama al que hace ya tres meses que se le rompió la goma de la cintura y se coloca una camiseta que tiene más rotos que un queso gruyere. No. Lo que seguramente pasa es que tras largos años de convivencia y, probablemente debido a la vista cansada que empiezo a disfrutar, me cuesta encontrárselo.

La convivencia diaria es una dura prueba para el glamour.

... merengues

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