Hace algunos años, la oficina de la empresa de publicidad Ogilvy en Singapur recibió de la congregación religiosa Love Singapur el siguiente reto: "Dios tiene un problema de imagen. ¿Pueden ayudarle?"

Superada la fase inicial de sorpresa, los ejecutivos de la multinacional pusieron manos a la obra y diseñaron una estrategia de marketing para Dios. El resultado: una campaña en televisión, vallas, radio, prensa, Internet y hasta por unos entonces casi inexistentes sms cuyo objeto era acercar a Dios a la gente, presentándolo como alguien cercano y dispuesto a ayudar.

Sobre fondo negro y sólo mediante unas sencillas letras blancas, la población del país asiático fue tropezando con mensajes del tipo: "Odio las reglas, por eso sólo hice 10"; "No olvides el paraguas. Puede que hoy riegue las plantas"; "Por favor, no bebas si conduces; todavía no estás preparado para conocerme"; "Gracias a mí, es viernes". Todos los mensajes, como es obvio, llevaban la misma firma: Dios.

A las dos semanas, el gobierno prohibió la campaña en prensa y en televisión, pero ésta prosiguió a través de internet y de los sms. Fue un éxito. Las encuestas revelaron que la popularidad de Dios se había incrementado un 40% . Y la campaña -en parte gracias a su prohibición- se convirtió en la más famosa de toda la historia de Singapur.

Alguien me reprochaba ayer mi agnosticismo militante. Es posible. Pero posiblemente a los que andan en estos temas no les vendría nada mal un completo cambio de imagen.

... suspensos.

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